Cultivando La Paz

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CULTIVANDO LA PAZ
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Avanzo cuesta arriba la encrucijada de la vida
Subiendo por peldaños en desafío que me intimida
Medir fuerzas de tolerancia por cansancio ignoro
Algo queda en mí de impulso que fatigada incorporo

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La esperanza inquieta retoza entre la bruma
Su existencia ante la realidad debilitada se inhuma
Libradas en suplica estamos a la voluntad divina
Quienes profesamos la paz como radical heroína
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Qué mundo cruel en el presente se ha creado
Qué violencia vandálica se ha desperdigado
Qué al amor lo tienen amenazado de inmolarlo
Bajo metrallas de fuego mortal aniquilarlo
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Cuanta inocencia prodiga el guerrero
Empuñando un arma que en letal sendero
Prisionero del pánico avanza a ultranza
Sin piedad al exterminio que da origen su matanza
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Apuntando al desprotegido amedrentado cobarde
Te refugias alienado tras ella haciendo alarde
En el gatillo que presionas por miedo placentero
Dejas truncada la vida sin aflicción miserable altanero
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Que te impulsa a matar de forma tan alevosa
Que ideas basura tienes en la mente tan borrascosa
Que odios demenciales tan fecundos te inculcaron
Que ciego te instiga a matar a quienes nunca te dañaron
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Mentes diabólicas ensayando en laboratorios muerte
Amenaza planetaria que desesperada nos advierte
Funestos tubos de ensayo oliendo a infecto exterminio
Contaminación del planeta ambicionando el dominio
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¿Y que harán luego cuando ya nada quede?
En árida tierra de nadie es desolación que precede
Horizontes de longitudes extensamente arrasadas
Repleta de fantasmas de vidas brutalmente exterminadas
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Que será de nosotras sobrevivientes musas terrenas
Gimiendo de dolor buscando aliviar del alma las penas
Loas qué a la paz consagramos alzándola en emblemas
A un mundo sórdido de amor que no supo sentir poemas
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©María Cristina Garay Andrade©
Monte Grande - Buenos Aires - Argentina
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DRA. VICTORIA LUCIA ARISTIZABAL

Abril 18 de 2017

LOS SILENCIOS DE LAS PALABRAS

©Victoria Lucía Aristizábal

Prologo

La palabra tiene un límite, la imaginación la sacude y la lleva prodigiosamente por las aguas de la sensibilidad que la estimula haciéndola hasta llorar de placer o dolor, de alegría, de afectividad, de ternura, de amor, de pasión y delirio, de lo irreprimible cuando en su exhalación vuelve a ejecutarse en un lenguaje que pretende desafiar lo efímero, más allá de lo posible para el escritor que hace el amor con ella ahondándola hasta el cansancio nutriéndola cuando la embellece, logrando traducirla de símbolo a energía del espíritu.

Los silencios de las palabras no duermen, despliegan su abanico de significados, de múltiples sugerencias y atisbos, volviéndolas curiosas, apoyándose en la sabiduría para convertirlas en un texto nuevo que tenga su importancia, procurando renovarlas, darles su baño de sentido, son acariciadas volviéndolas apetecibles con besos y razones, unas van en corceles, otras en fragatas, algunas novatas van gateando con su infantil picardía hasta volverlas eufóricas e indetenibles.

Los silencios de las palabras sonríen logrando que asciendan como surtidores para brotar como nuevos astros, hermosas unas que se celebran ellas mismas porque tocan su propia música, se consuelan otras como si una y otra fueran cama y cobijo o remembranza de un placer vivido que engatilla el éxtasis de los labios que han besado, de la piel que ha sido acariciada, del cuerpo que ha sido dichosamente penetrado y luego lanzando hondos suspiros solo atina a decir: “gracias Dios mío” con la ternura del reposo que luego químicamente duerme para despertarse en la vida sin tiempo con el olor a un amor hecho en la escala melódica y trascendente que alienta la desnudez de la plenitud de la nada donde la sensualidad prodiga sus frutos.

Los silencios de las palabras construyen deseos, modifican la pasividad por el entusiasmo, son una clínica de recuperación exaltando la renovación después de las caídas, son pasiones que incluso atrevidas desafían al cuerpo en sus pretensiones respirando en acordes lujuriosos provocadores de contacto, anulando las fronteras de lo imposible para dar paso a lo posible y entretener el placer que gusta de recorrer las zonas de lo prohibido para volverlas lícitas, y allí las palabras se regodean libremente para convertirse en poesía, buscando que ella sea cómplice y testigo de lo que el alocado corazón ha permitido.

Los silencios de las palabras se ausentan, se apartan de todo para quedarse en soledad compartiendo la vida en el espacio y en la introspección meditativa desparrama gráciles sentencias que permiten volver a aspirar la entrega renovada de una nueva palabra que interprete la realidad en la inmediatez dichosa y fogosa reaparece para mirarse en el espejo y encontrar el alma que deja de ser anónima cuando enciende la mística llama de la avenida principal donde el amor vuelve a dar sus pasos trascendentes y acompaña al cuerpo encajándose en su nativa nobleza.

Los silencios de las palabras son sueños, se suspenden ante la prodigalidad de las imágenes que filtran su claridad, volviéndose más libres, más íntimas, nadan en el mundo de la satisfacción plena encontrándose con el amante, abrazándose a su piel desnuda, anudándose a su cuerpo destilando las esencias de la belleza más rica donde se sacia la avidez que se potencia en el gozo concretando al espíritu, mientras el amor sin palabras aprecia porque se ha unido al alma seducidos ante el sacerdocio del corazón de humano origen.

Desde mis silencios se escriben poemas con palabras que tienen su enclave en la riqueza de un lenguaje que quiere expresar al mundo como se ama de tantas maneras, como se describen las emociones extraídas desde lo profundo de un alma que quiere elevarse por encima de las adversidades. Hay un silencio que ennoblece al lector cuando lee la riqueza de estos poemas que se hacen con el corazón abierto, le mente consciente y el alma en la frecuencia elevada de un espíritu que solo desea amar y ser amada.

María Cristina garay Andrade una mujer que nació para escribir en el silencio y engalanar sus poemas con la combinación inequívoca de la riqueza metafórica que le brinda la musa de la naturaleza que acompaña a su alma desde siempre para las almas que entienden que escribir poesía es estar en armonía con el propio ser divino para que sea interpretada de la mejor manera posible.

DESDE MIS SILENCIOS se renueva con la frescura que dan los cambios propios de la madurez, de la mujer que quiere continuar elevando su talento para seguir deleitando a los lectores que desde tiempo atrás la siguen para emocionarse de nuevo con su estilo inconfundible.

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Por el amor en amistad que nos une por más de 20 años en la red, por los momentos críticos que nos han unido en comprensión y por los tiempos felices compartidos, me entregas en regalo este prólogo como excelsa escritora, como así también en la edición de mi libro y hacen entonces que mis alas de gratitud sobrevuelen conmovidas las distancias en frecuencia de un elevado sentir de afecto. María Cristina (Crispis)

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