El Árbol Enamorado

EL ÁRBOL ENAMORADO
En la colina encantada el crepúsculo primaveral
Renacía luminoso después de la larga etapa invernal
El árbol enamorado despertó sonriente llamando
A su flor de la rivera que perezosa estaba asomando


Aves de variadas especies y tamaños
En su instinto de procrear como todos los años
Patrimonio de rituales el amor inextinguible
En vuelo de cortejos anidar lo hizo irresistible
En el árbol ya muy frondoso orgulloso oía trinar
A los pájaros afanosos trabajando para cobijar
En cálidas moradas a sus huevillos empollar
Y a sus polluelos dichosos verlos nacer y piar


Con gorjeos de disímiles tonalidades y afinidad
Cuando el sol adormilado salía de pernoctar
Una sinfonía de variados tonos comenzaba a armonizar
La melodía llamada vida fraternal amiga de la felicidad


Por las noches un búho por demás curioso
Era el centinela atento y voluntarioso
Que con cautela no dormía por vigilar
De los albures que con su chillido debía avisar


Duendes escondidos traviesos y juguetones
Los muy inquietos salieron de sus bastiones
Para con las hadas de rama en rama juntos volar
En revoloteo airoso canticos del bosque solían bailar
Párvulas luciérnagas fluorescentes
Con su luz incandescente de festividad
Lo mantenían muy adornado e iluminado
Como si siempre fuera un arbolito de navidad
El viento era su amigo y con un silbido le fue a avisar
Hablándole al oído narró apresurado la triste adversidad
Que un tornado muy enojado por la colina iba a pasar
Asolando con su talante y su cruel esposa la tempestad
El árbol enamorado desesperado comenzó a llamar
Notificando a todos que a resguardo y sin más tardar
Huyeran muy de prisa hacia las montañas
Que en sus entrañas mucho más seguros iban a estar

Enfrentó muy solitario la furia del vendaval altivo
Que sin ningún motivo, tan solo por su maldad
Iba destruyendo a su paso como un sablazo
Dejando sólo desolación y soledad

Lo único que él temía era por la vida y la amistad
De quien lo colmara siempre de tanto amor y felicidad

Sin pensarlo con desconsuelo desenterrándolas del enlodado suelo
aflojando sus raíces y desafiando al viento el muy perverso
Que por adverso le iba a ganar, fue cayendo lentamente vencido
Mortalmente herido, mientras la lluvia a cantaros con suavidad
Entre sus quejidos le murmuraba protégele su debilidad
Quedo dormido por el intenso frío
Abrazando fuerte a su amada flor
Y ella sin pétalos cubrió su cara con escalofrío
Rompiendo en llanto por el quebranto de tanto dolor

Y así el río muy apenado en un atajo
Al verlos juntos morir de amor en un adiós
Impulsó sus aguas en la cuesta abajo
Y muy lentamente se lo llevo a los dos
©María Cristina Garay Andrade©
Monte Grande - Buenos Aires - Argentina



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