A mi Madre

A MI MADRE
 
Aferrada al crucifijo de mi rosario,
Con los ojos fijos en un reloj sin tiempo imaginario,
Despedí tu venerado cuerpo en el osario,
Siendo Dios mi único compañero en el calvario.
 
Cargué la pena con el alma serena y en carne viva,
Despedí silenciosa tus restos mortales madre mía,
Y con mucho amor en el corazón enlutado por tu partida,
Resigné el llanto, calme el quebranto y encaré la vida.
 
De regreso, la casa fría en doliente recibida,
Callada, solitaria, huérfana acongojada y retraída,
Lágrimas contenidas de congoja encontré en tus cosas,
Y en el jardín solitario florecidas tus rosas.
 
Cuantos silencios me hablaron con serenidad,
Esa palabra sublime de milagro y eternidad,
Refugio de semillas que hace la vida germinar,
Hija de tu vientre madre tu nombre debía callar.
 
Que angustia estremecedora no volverte a llamar,
Que sonido atragantado definitivo corte del cordón umbilical,
Que un surtidor de lágrimas brotaba sin poderlo parar,
Y la niña envejecida pudo como entonces romper a llorar.
 
Busqué los brazos de mi Ángel inseparable,
Alentador de horas de agonías interminables,
Sin apartarse ni un solo minuto de mi lado
Me rodeo con sus alas y con ternura se sentó a mi lado,
Muy callado, muy callado....
 
© María Cristina Garay Andrade©
Monte Grande – Buenos Aires – Argentina
Junio, 29 de 2008
(A los 5 meses de la muerte de mi madre)




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